Manejar en Marruecos no es nada fácil. En las ciudades las motitos te sobrepasan por izquierda y derecha, los autos (parque automotor para nostálgicos con sus Peugeot 505 y varios Renault retro) que vienen por la mano contraria se te cruzan sin anticipar la maniobra y la gente camina por la calle; y en las rutas hay todo el tiempo gente caminando a los costados. No se entiende de dónde vienen, a dónde van, pero están ahí. Caminando y caminando bajo el sol. Todo el tiempo.
En Fez está la medina más auténtica de todas. Es muy interesante ver cómo todavía se trabaja artesanalmente la mayoría de los productos: desde alfombras hasta cuchillos. En la ciudad amurallada cada oficio tiene su área: el barrio de los joyeros, el de los alfareros, el de los perfumistas.
Para conocer esta ciudad contratamos un guía que te mostraba la ciudad pasando por los negocios de todos sus amigos. Primero te contaban amablemente y a grandes rasgos de qué iba su actividad y después te ofrecían su mercancía. Al primer no, chau amabilidad. Así fue como conocí una curtiembre donde tenían a los cueros de forma manual. Uno a uno bajo el sol de agosto.
Fez
Cada medina tiene su particularidad y la de Meknes era que nadie pero nadiese te acercaba para venderte algo. Entrar a un puesto, poder mirar tranquilo, tocar lo que querías comprar y que nadie te dijera algo era algo que al cuarto día de viaje aprecié mucho. Así fue como compré la camiseta del Raja Casablanca. Obvio que trucha, original no se consigue en ningún lado.
Meknes
Rabat es la capital del país y se nota. Grandes avenidas, un paseo costero impecable, un tranvía nuevísimo y mucha policía por todos lados. La entrada a la ciudad es por un boulevard repleto de banderas de Marruecos. Una tras otra, de un rojo intenso, como si por esas calles fuesen a desfilar carrozas de un carnaval.
Rabat
Para hospedarse lo habitual es hacerlo en riads, que son antiguas casas de familias acomodadas marroquíes y que ahora han sido adaptados para los turistas. Son lugares pensados para refugiarse del bullicio de la zona. Una vez ahí dentro no se oye nada. La disposición de los lugares es más o menos siempre la misma: un hermoso patio interno con una pequeña pileta y alrededor todos los cuartos. Todos decorados con alfombras y ventanas que dan a los corredores.
El riad de Marrakech
En uno de ellos tuve la oportunidad de ver a Boca con comentarios en árabe.
Ahora le llegaba el turno a Marrakech, el destino más visitado de esas tierras. Entrando a la ciudad se nota que hay mucho movimiento y más diversidad. Hay turistas por todos lados, grandes hoteles y mucha presencia francesa con sus cafés.
Marrakech
A la noche y en la plaza central de la ciudad se arman decenas de puestos de comida. Hay oferta de carnes, pescados y verduras. Como es algo muy típico comer ahí, lo hice.
El menú de los "siete pasos"
Pero la cadena de frío no existe y en estos puestos la limpieza no es uno de los valores más cultivados. Todos los alimentos se conservan al aire libre (si conservar es la palabra) y las moscas degustan toda la comida que vayas a probar. Es más que obvio pagué por eso y mis dos siguientes días fueron a pan y agua.
Essoauira
Hinchado de las pelotas de las medinas, los marroquíes y el calor, me alquilé otro auto y me fui a Essoauira, la playa más turística de Marruecos.
Me lo alquilaron diciendo que era "el mini Cooper coreano"
Para llegar allí el camino es eternamente recto y hay que atravesar el desierto, que a priori no es un lugar que parezca interesante o bello, pero que sí lo es.
Hace poco en Marruecos hubo un referéndum que como resultado provocó que el rey perdiese poder. Esta consulta fue algo inédito y así es como los partidos políticos podían mostrarse.
Cada rectángulo le pertenece a un partido político
Con la lengua afuera llego al final del post. Fue una semana muy intensa. Quizás menos días hubiese sido mejor. Es muy distinto y no es fácil acostumbrarse a cómo funcionan ahí las cosas. Quizás lo mejor haya sido darse cuenta que el mundo no está tan globalizado como parece.