Ayer contraté Canal Plus, un sistema de televisión por cable para básicamente ver fútbol, y quedaron en llamarme para arreglar la instalación.
Hoy a las 11 de la mañana suena mi móvil y me informan que en 20 minutos pasan por casa. Les digo que estoy trabajando. "¿No puedes ir?", preguntan. Les digo que no, que estoy trabajando. "¿Y cuándo puedes?". "Antes de ir a trabajar. A primera hora de la mañana o a mi regreso, a última de la tarde", les contesto. "Eso es a las 8 de la mañana o a las 8 de la noche", les digo. "No, a esa hora no trabajamos. Comenzamos sobre las 10 nosotros". Ahora me pregunta si puedo el viernes. Le digo que no. Me pregunta si salgo temprano. Le vuelvo a responder que no. Ahora, tratando de ser un poco flexible, les propongo: "¿Qué tal a la hora de la comida? 14.30 puedo estar en mi casa". "A eso hora no. A las 15.30 volvemos a trabajar".
Después de casi tres años me siguen sorprendiendo este tipo de circunstancias. Las empresas de servicios dan por sentado que lo más normal del mundo es que uno esté disponible a horarios laborales cuando la lógica indica que no. Lo mismo sucede con los comercios, especialmente los súpermercados (situación que ahora está cambiando), que no abren los domingos. De seguro que a nadie le molestaría que cierren los lunes para abrir el único día que uno tiene libre para poder hacer las compras.
La crisis, entre tantas cosas, terminará acomodando este tipo de prácticas y comenzará a ser más habitual lo que (al menos yo) considero lógico. Una pena que haya que esperar a este tipo de eventos para que el sentido común se imponga.